A Pareja le echamos de menos en lo futbolístico, ya que siempre saca el balón de forma jugada, nada de balonazos, está en el lugar preciso en el momento de corte, jerarquía, seguridad y liderazgo. Pero donde también se nota la ausencia del argentino es en el vestuario. Los jugadores como el son imprescindibles a la hora de cohesionar un grupo con jugadores de diferentes nacionalidades y personalidades muy variadas. Pues bien, Pareja con su carisma ha conseguido inculcar todo eso en el grupo.
Cuando llega un nuevo jugador a nuestra disciplina, todos deseamos que venga igual de implicado y con las mismas ganas e ilusión con la que lo ha hecho Nico.
Gracias a Dios ya queda menos para volver a verlo en los terrenos de juego. Y es que es una delicia verlo mandar en la zaga desde la grada del Ramón Sánchez-Pizjuán.
Al fin y al cabo, en esta vida las cosas con Pareja son siempre mejores.
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